Experiencias costura de Kesa

Tres experiencias
Retiro de costura
Costura de kesa

El kesa, es algo que no está claro”

Kodo Sawaki

Experiencia de Fuensanta Muñoz

En días pasados participé en el retiro de costura del Kesa en el Monasterio Luz Serena. Para mí llegar a Luz Serena, por cualquier motivo, ya es algo especial; sencillamente, siento que vuelvo a un hogar profundo: naturaleza y personas, siempre las mismas, siempre cambiantes, forman un todo de amor. Y en todo el tiempo en que vengo frecuentando el Monasterio, nunca había acudido, como en esta ocasión, a un retiro de costura del Kesa. Era una experiencia nueva. Siempre coso en solitario, con indicaciones de personas que saben y están avanzadas en la Vía del Zen. De ese modo, a lo largo de siete años, he cosido dos rakusus y dos kesas. Tengo que decir que ha sido una práctica profunda y enriquecedora, pero en nada comparable a sentarse con otros practicantes, monjes, bodhisatvas y aspirantes, en la intimidad silenciosa del dojo, y no solo coser con la máxima concentración, sino también escuchar las enseñanzas de un instructor en la costura del kesa como Agustín Vázquez. Sus enseñanzas eran prácticas, para una costura cuidadosa, atenta y perfecta, pero también espirituales, acerca del sentido del kesa. Realmente me pregunto si hay alguna diferencia entre escucharlo acerca de la técnica de costura o acerca de lo que el kesa significa para un discípulo del Buda. Creo que no la hay, pues la espiritualidad plena está en cada corte y en cada puntada, cuando la respiración calmada está presente en la punta delicada de la aguja y en la sutileza del hilo que corre por la tela. El ojo guía el sentido de la aguja y quien cose ya no está ahí, sino que es el propio kesa el que se cose a sí mismo, como si todo se uniera para dar forma a lo que no lo tiene, y que, sin embargo, irá mucho más allá de la forma. Como dijo Kodo Sawaki, el kesa es algo que no está claro. Cuando se lee esto, puede caerse en el desconcierto. ¿Por qué no está claro, si es una pieza de tela que se descompone y se compone según unos principios, y según técnicas milenarias que no solo se aplican a esta costura sino también a otros efectos prácticos? Porque no está claro, sencillamente, y el Maestro tenía razón. Es material, pero también es inmaterial, es transmisión y aspiración, es el universo que se hace uno con el cuerpo, es protección y anulación del ego. Coserlo es recomponer el universo interno, paso a paso, en silencio sagrado y con una sonrisa para los que están sentados contigo, concentrados en su costura, porque sientes que no hay diferencia ni separación entre sus manos y tus manos. Un gran número de emociones y pensamientos pasaban por mi mente mientras cosía, pero ninguno se quedaba; parecía que cada puntada, pequeña, parecida a un grano de arroz, los deslizaba amablemente con el paso del hilo. Era como estar en zazen pacíficamente. Y a veces, la respiración calma de otra persona, un susurro, el canto de un pájaro, la luz de la mañana creciendo o la de la tarde muriendo, mientras el dojo se hacía cada vez más íntimo y te sentías envuelta en amor y belleza.

Después de esta experiencia, coser el kesa me parece una de las prácticas más profundas y hermosas en la Vía del Zen, y como tal, es algo que no está claro.

 


LA COSTURA DEL KESA, por Myôkô Roch, monja zen residente en el Templo Luz Serena

El primer fin de semana de Marzo tuvo lugar en el Monasterio Zen Luz Serena de Requena, el Retiro de Costura del Kesa, el manto del Buda Sakyamuni, el manto que en el budismo simboliza la liberación del ser humano. A cargo del mismo se encontraba el instructor Agustín Vázquez Caruncho.

Desde el primer momento, el espíritu del kesa transmitido por Agustín, nos envolvió a todos como una aureola mágica. La amorosa calidez con la que nos hablaba de Buda, de cómo se inspiró en los campos de arroz del valle del Ganges para cortar y tejer la tela con trozos viejos y abandonados. Cómo esos mismos campos de arroz se reflejarían sobre la tela, simbolizando nuestra propia existencia. Primero cortaríamos la tela en pequeños trocitos para volver a reconstruirla puntada tras puntada, como si estuviéramos cortando nuestra vida, para volver a reconstruirla de nuevo desde la misma esencia del Ser.

Durante unos segundos no puedo evitar observar a los compañeros, observo con atención la disponibilidad con la que se entregan al acto de cortar y tejer la tela. Observo la disposición de las mesas frente al altar, la sencillez con la que Agustín nos transmite la sabiduría de sus enseñanzas. Observo el ambiente de silencio que reina en cada uno de nosotros y siento cómo el espacio sagrado que nos rodea va penetrando dentro de mi cuerpo, se va adentrando dentro de la piel.

Cortar la tela en pedacitos para volver a tejerla de nuevo es un acto de amor hacía nosotros y hacia el mismo universo que nos rodea. Es abrir una luz en la conciencia que ilumina cada puntada en el acto mismo de tejer, en la manera en la que atravesamos, con el hilo y la aguja, el lienzo que hemos ido trenzando con cada uno de nuestros actos y con nuestra manera de ser y estar en la vida. Es adentrarse en un espacio en el que el tiempo desaparece y con él desaparecen los pensamientos, las ideas y solo queda el silencio, la aceptación del instante único con el que hilvanamos nuestra conciencia, con el hilo, la aguja y el dedal. El espíritu y la materia unidos en una sola puntada, en una sola respiración que fluye hasta el infinito.

Tan intenso, tan veloz y tan profundo resultó para mí el Retiro de Costura. Como se dice en el Zen “El tiempo pasa rápido como una flecha” Desde aquí quiero dar las gracias a mi Maestro Dokushô Villalba por habernos transmitido esta tradición milenaria, a Agustín Vázquez y a todos los compañeros con los que compartimos la maravillosa experiencia de tejer el manto del Buda, el manto de la felicidad.

 


MI EXPERIENCIA EN EL RETIRO DE COSTURA por J. Carlos Belizón Fernández

¿Cuál ha sido mi experiencia en el retiro de costura?, difícil plasmarlo, difícil encontrar las palabras…. ¿cómo narrar la emoción al abrir la puerta del templo, dando un paso más en mi compromiso con la vía? No es fácil expresar la mezcla de alivio al permitirme este espacio de silencio, mezclado con el nerviosismo ante lo que podría encontrar. ¿Como expresarte el calor que encontré en el abrazo de los viejos amigos y la cálida ternura en la mirada de los desconocidos? Como, a la luz de la chimenea, nos reunimos en círculo de corazones iniciando este trozo del camino que haríamos en común. ¿Como expresarte la inmensa calidez de la ceremonia de costura, la belleza que encontré en cada gesto? Como la ternura de Agustín y su amor hacia la costura del Kesa fueron inundando aquella sala, contagiándome su pasión. Como desgranaba cada gesto, indicándonos su sentido escondido. El asombro de mi mente ante todo el significado velado tras los símbolos. Ese arrozal que, con paciencia y ternura, coseríamos transformando el putrefacto pantano en alimento para todos los seres. La continúa reiteración de aquel “abandona cuerpo y espíritu” que caía como la fina lluvia que empapaba el exterior de la sala. Si pudiera transmitirte la sensación de sorpresa que encontré ante esas perlas de sabiduría que Agustín nos iba desvelando. Como cuando ante ese patrón milimetrado y cien mil veces medido, nos dijo: “ahí tenéis vuestra imagen idealizada, vuestro ego… vamos a cortarlo”. Recuerdo con pavor mis miedos ante aquella primera línea blanca sobre la tela, mis miedos a iniciar la tarea y que toda mi frustración cayera sobre mí, yo que nunca había cosido un botón. Con una sonrisa, evoco aquel:” abandona cuerpo y espíritu”, que me hizo lanzarme a la tarea, soltando todos esos miedos. Y recuerdo la emoción al encontrar aquella línea de puntos. No equidistantes pero si presentes. Que sensación de sorpresa y satisfacción al descubrir que puedo dejar a un lado mis miedos y prejuicios, dejando que las potencialidades afloren… que al final es de lo que se trata. Y así fue transcurriendo la sesión de costura, con una perla de sabiduría cada vez que acudías a consultar una duda o una puntada a Agustín. Un instructor que te trataba con la misma ternura con la que manipula sus telas y que finalizaba cada comentario con un guiño de trascendencia, dando sentido y profundidad a la acción más nimia. ¿Cómo expresarte con palabras el placer que ha sido poder iniciarme en este arte a través de alguien que lo cultiva con tanta pasión y lo transmite con tanta ternura? Como el viejo abuelo, que responde la consulta mostrando en la última palabra un giro más, una revelación que abre tu perspectiva, que muestra una comprensión aun mayor y te transmite un mayor deseo de avanzar.

¿Cómo te expreso el mimo con que nos sentimos cuidados por parte de los Residentes, con José Manuel a la cabeza? El ejemplo del viejo samurái, que mantiene el delgado equilibrio entre lo vital y trascendente de este momento, de esta acción y, al mismo tiempo, el guiño de humor que rebaja dicha trascendencia. Una vez más, un ejemplo sublime del guante de seda sobre guante de hierro. ¿Y cómo explicarte la tremenda frescura de los residentes? Como sus miradas cargadas de ánimos y juventud te hacia más fácil la estancia. Sus manos, nos deleitaban con manjares exquisitos (como aquel dulce crujiente) acompañados por la sonrisa y el saber estar, la dedicación hacia la tarea.

¿Qué palabras puedo utilizar, para expresarte los lazos de cariño y amistad que se pueden crear al sentarse junto a otra persona en silencio? Este vínculo que sientes que se genera con tus compañeros de puntadas, sin recordar a veces su nombre, desconociendo su estado civil o profesión…. ¿Cómo te expreso el cariño que se genera al coser, en silencio, a su lado? Cómo dar palabras a todo lo que aprendes de ellos, de sus gestos y de tus propios gestos…. Reflejándonos los unos en los otros?

Hoy como siempre, las palabras no alcanzan a reflejar en su totalidad lo que la experiencia supone en sí misma. Por ello, tan solo me queda expresarte la gratitud inmensa no solo a los que han propiciado esta introducción a la costura, si no a todos los que han ido transmitiendo este legado… que hoy me permite verme, reconocerme y crecer… ¿o quizás decrecer?. No sabría decirlo … a veces las palabras nos confunden.


SAMPAI.


 


 

 

 

Kesa